Biografia Jaime del Huerto

Jaime del Huerto nació en Barca, un pequeño pueblo de la campiña soriana, con status de Villa, como lo avala su picota o rollo en la plaza. Es un lugar encantador, limitado por el río Duero, con una hermosa iglesia románica, porticada, una ermita rodeada de árboles, una romántica estación por donde ya no pasa ningún tren, y unos habitantes laboriosos que saben valorar la tranquilidad y el sosiego del mundo rural. Todo ello pintado por él repetidamente.

En este ambiente y desde la infancia, Jaime del Huerto comenzó a mezclar colores, usar lápices y plasmar en un papel el paisaje y los objetos que le rodeaban. Desde entonces, toda su vida ha transcurrido entre colores y pinceles, en el espacio del Arte. Cursó estudios de Bellas Artes en Madrid y Barcelona, dos años en la prestigiosa Escuela Massana.

Simultaneó sus estudios, como cualquier muchacho, con trabajos que a veces no estaban relacionados con el Arte, pero sí con la bohemia, tan importante para el que comienza en el mundo de Mnemosine.

Su trabajo en el Drugstore del Paseo de Gracia abriría, al joven que era entonces Jaime, un mundo fascinante. Y con el primer establecimiento nocturno situado en el modernista Ensanche barcelonés, el entorno de él, las Ramblas, el Puerto, la tristeza de las mujeres vendiendo su cuerpo, y la alegría del azul marino.

Con los años y las inquietudes llegarían los viajes a Marruecos. Durante siete años seguidos mantuvo Marrakech al pintor en su Medina, fascinado por la limpidez de una luz que paría colores puros y brillantes, y también rostros surcados y morenos en los que los ojos mostraban la sabiduría del mundo, la templanza del desierto y la socarronería de los años.


Instantáneas de la casa de Jaime del Huerto en Marrakech, donde pasó una larga e importante etapa de su vida

Hubo un antes y un después de Marrakech en la obra de Jaime del Huerto, tanto en temática como en el color. Antes primaron los óleos y las ceras de color pardo, amarillo, marrón, influencias de los pintores castellanos, de Zuloaga, de Gutiérrez Solana. Después fueron el amarillo, blanco, violeta, azul ultramar, y las líneas cercanas a los expresionistas, pintores como Van Gogh, uno de los preferidos de Jaime.


La plaza de Jamaa el Fna es el punto neurálgico de Marrakech, ciudad árabe que marcó, y mucho,en la obra del pintor

En sus dibujos a lápiz el pintor se mueve con agilidad y destreza, dejando láminas de figuras humanas y religiosas de un realismo minucioso, como el Nazareno de Almazán, o los ancianos marroquíes.

Muchas salas han visto colgadas de sus paredes las obras de Jaime del Huerto. Las principales ciudades de Marruecos, y Soria, Almazán, Medinaceli, Madrid, Barcelona, Salamanca, Zaragoza…


Diferentes momentos de Jaime del Huerto en Marruecos

Con el paso del tiempo, Jaime ha dedicado buena parte del mismo a la Enseñanza. Es un ámbito en el que se encuentra muy a gusto. Y sus alumnos –la mayoría mujeres- también. Cuando la necesidad de transmitir se une al deseo de aprender, da como resultado una relación como la que Del Huerto mantiene con sus alumnos. Son muchos, repiten año tras año, y aumentan sin cesar.

Cuando los duendes espolvorean a los mortales con la varita del Arte, no lo hacen sólo en una rama. Prueba de ello es el libro de poemas que hace ya años, con el sugestivo título de “En el azul”, publicaría Jaime del Huerto. Luego vendría la Guía de Almazán y, en colaboración con José María Páez Balgañón y José María Martínez Laseca, “Del oficio de poetastros, pintamonas y cronicantores”.

Con este bagaje necesariamente surgen los proyectos. Unos a largo plazo, otros más cercanos.

Los poemas que reposan en un cajón, se convertirán en un volumen cuyo título Jaime tiene claro desde hace tiempo, “Aproximadamente Octubre”. “Cuaderno de Marruecos”, con dibujos y apreciaciones de su estancia en ese país, es otro de los proyectos, este a medio plazo.

El web de un artista es, por definición, un espacio virtual al que accedemos para ver arte. Dicho esto, nos quedaríamos en el enunciado. Jaime del Huerto quiere mostrar mucho más. Su magnífica casa repleta de cuadros, de recuerdos de otros países, como máscaras de Senegal, figuras cubanas, filigranas marroquíes. Su taller, por donde pululan buscando caricias sus animalillos, tan queridos por Jaime.

Adentrarse en el mundo del artista, aunque sea de forma virtual, es hacerlo también en su trayectoria, en su alma, en su intimidad.